La biblioteca de semillas: memoria viva y soberanía alimentaria

Por: Carol Rojas

Me acerqué a las semillas no desde el conocimiento técnico para su reproducción y multiplicación, sino desde un vínculo profundo heredado de mis abuelos. Para ellos, guardar semillas era un acto cotidiano y, a la vez, el primer gesto de soberanía, comer lo que la tierra nos ofrecía, reconocer los ciclos, agradecer la cosecha. Desde esa memoria afectiva comprendí que las semillas no son solo materia viva, sino también historia, identidad y cultura.

Desde la biculturalidad, las semillas guardan saberes asociados a prácticas culturales y alimentarias propias de cada pueblo. Han sido reproducidas localmente por sus guardianas y guardianes como una forma de preservar recetas, sabores y formas de alimentarnos que nos caracterizan en cada región. Al mismo tiempo, han viajado, se han intercambiado y han sabido complementar e innovar las dietas de nuestros territorios.

¿Por qué una biblioteca de semillas?

Hace 18 años, impulsadas por la necesidad urgente de no perder nuestras semillas, y con la convicción de que otras personas podían resguardarlas y cuidarlas, nació la iniciativa de la biblioteca de semillas. Queríamos recuperar variedades que localmente ya se habían perdido y asegurar que las que aún existían siguieran vivas y circulando.

La llamamos biblioteca inspirada en un ejercicio colectivo que venían realizando unas compañeras agroecólogas en México e investigando sobre otras experiencias latinoamericanas. No porque fuera necesariamente un espacio físico, sino por el sentido profundo de lo que una biblioteca representa, un lugar donde se accede al conocimiento, se cuida colectivamente y se devuelve enriquecido. Así funciona nuestra biblioteca de semillas, como un ejercicio de reciprocidad y solidaridad, donde quien recibe una semilla la devuelve multiplicada, fortalecida y acompañada de nuevos aprendizajes.

Con el tiempo, la biblioteca de semillas se convirtió en una forma de entender que las semillas pertenecen a quienes las siembran y las cuidan, pero también a todo el conocimiento que las rodea, cómo se producen, cómo se protegen, cómo se transforman en alimento, medicina y cultura.

¿Cómo funciona una biblioteca de semillas?

Una forma de organizarse en torno a la biblioteca de semillas es que las personas interesadas en hacer parte deben registrarse como asociadas, así tengan o no experiencia previa, y así cuenten o no con semillas propias. Finalmente, la biblioteca resulta ser un espacio de aprendizaje colectivo.

Las semillas en la biblioteca se pueden organizar según su disponibilidad y variedad: cereales, hortalizas, aromáticas, leguminosas, ornamentales y semillas nativas, criollas o de la manera en que mejor las conozcan y de especial interés comunitario. Cada variedad debe contar con una información sobre su taxonomía, formas de siembra y cuidados en la producción, así como datos sobre sus usos alimenticios, medicinales o ecosistémicos. Este conocimiento es aportado y enriquecido continuamente por las personas asociadas y que interactúan con la biblioteca de semillas.

Quienes participan en la articulación de la biblioteca de semillas pueden llevar en préstamo hasta dos variedades, en cantidades suficientes para reproducirlas en sus parcelas, con el compromiso de devolver a la biblioteca la misma cantidad recibida. Para retornar las semillas, los productores deben seleccionar las mejores plantas, aquellas con mayor tamaño, mejor sabor, mayor resistencia y mejor adaptabilidad. De esta manera se garantiza la circulación, la disponibilidad y la salud de cada variedad, manteniendo su diversidad y pureza.

Beneficios de una biblioteca de semillas

La biblioteca de semillas fomenta el trabajo comunitario orientado a la autosuficiencia alimentaria, donde se puede sembrar parte de lo que se consume, a su vez aporta al reconocimiento de los usos medicinales y gastronómicos de cada cultivo. Propicia encuentros, espacios de formación e intercambios de saberes ancestrales y tradicionales.

Funciona también como un espacio de conservación de variedades locales o antiguas que se han perdido o están en riesgo de desaparecer, ya sea por la falta de conocimiento asociado o por los cambios en las culturas alimentarias. Desde allí se promueve una agricultura para la vida, basada en el cuidado de la biodiversidad, del suelo y del agua.

Además, la biblioteca reduce de manera significativa la dependencia de semillas comerciales híbridas, patentadas o genéticamente modificadas, impulsadas por grandes monopolios que priorizan la acumulación de capital sin considerar los impactos ecosistémicos ni los efectos sobre la salud humana y animal.

La biblioteca permite, a su vez, la creación de redes locales de intercambio y aprendizaje entre custodios, custodias, guardianes, guardianas, agricultoras, agricultores, vecinas y vecinos.

Diversas formas de bibliotecas de semillas

No existe una fórmula única para crear una biblioteca de semillas. Cada proceso local define sus principios y objetivos según sus propias necesidades. Algunas bibliotecas son gestionadas por vecinos y asociaciones, con un carácter profundamente comunitario; otras nacen en contextos educativos, impulsadas por docentes y proyectos de educación ambiental; algunas se articulan a bibliotecas públicas, adquiriendo un carácter más institucional; y otras funcionan como casas comunitarias o centros de semillas con un enfoque más técnico.

Hoy, muchos procesos vinculados a la permacultura, la agroecología y la agricultura biodinámica encuentran en la biblioteca de semillas una base fundamental para su autonomía. Cuidar y mantener disponibles las semillas es lo que hace posible el desarrollo de agriculturas para la vida en los territorios.

La biblioteca de semillas como espacio de transformación y encuentro

La biblioteca de semillas no se limita al préstamo de semillas. Es un espacio de construcción de identidad, de transformación de la relación con el territorio y con el alimento. Al recuperar semillas criollas y nativas que habían dejado de cultivarse o de consumirse, las comunidades transforman su forma de ver la agricultura y revalorizan prácticas ancestrales transmitidas, en muchos casos, de manera oral entre generaciones.

Estos saberes se recogen y se proyectan a través de recetarios comunitarios que rescatan preparaciones tradicionales y ancestrales, al tiempo que incorporan nuevas recetas. Así se motiva a niñas, niños y jóvenes a sembrar y consumir estas semillas como un ejercicio de autonomía alimentaria.

Como espacio de encuentro, la biblioteca facilita el intercambio de saberes entre agricultoras y agricultores experimentados, abuelas y abuelos portadores de conocimiento tradicional, personas que se inician en la custodia de semillas y jóvenes que encuentran aquí un lugar para formarse y aportar desde el sentido de comunidad.

A lo largo de los años, desde la biblioteca de semillas hemos articulado acciones con colectivos ambientales, ferias y mercados locales, promoviendo intercambios de semillas, mingas y trabajos comunitarios. Estos encuentros han fortalecido vínculos con procesos agroecológicos y de permacultura en los territorios.

De este camino colectivo nace también el espacio “Maíz: alimento y territorio”, una iniciativa de integración para nuevas personas interesadas en la producción, conservación y defensa de las semillas, entendiendo al maíz no solo como cultivo, sino como base cultural y territorial de nuestros pueblos.

Un camino que continúa

La biblioteca de semillas nació como una iniciativa de la Corporación Semilla Nativa Colombia, impulsada y soñada desde otras apuestas que se vienen trabajando en otros países, como una propuesta en Colombia para la libre circulación, el cuidado colectivo y la defensa de las semillas nativas y criollas. Durante estos 18 años, este proceso ha demostrado que cuando las semillas se comparten, también se comparten saberes, memorias y futuros posibles.

Este camino sigue abierto. Quienes deseen conocer más sobre la biblioteca de semillas, replicar la experiencia en sus territorios o recibir acompañamiento y asesoría comunitaria, pueden escribirnos al correo semillanativacolombia@gmail.com

Con gusto compartimos aprendizajes, metodologías y herramientas construidas colectivamente a lo largo de estos años.

Porque cuidar las semillas es cuidar la vida, y defenderlas es también defender la autonomía, la cultura y la soberanía alimentaria de nuestros pueblos.

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